ACUERDOS Y PACTOS, PERO BAJO UNA NUEVA FÓRMULA DIÁLOGO NACIONAL DEMOCRÁTICO

  • Es mayoritaria en las entrevistas la propuesta de restablecer los pactos políticos en Bolivia, para lograr gobernabilidad, enfrentar la polarización y viabilizar la gestión pública. Sin embargo, se plantea que el esquema de pactos debe quitar la centralidad que en el pasado adquirió el reparto de espacios de poder.
  • Susana Seleme, al afirmar que “los políticos de hoy son como autistas, no hablan entre ellos, menos generan acuerdos”, plantea la necesidad de generar pactos políticos, porque “no somos un solo país, hay diversidades”.
  • Restablecer los pactos responde a la necesidad nacional de generar deliberación y diálogo entre bloques, colectivos o sectores diferentes.
  • Sin embargo, al momento de validar -en los grupos focales virtuales de deliberación- la propuesta del establecimiento de pactos, como una acción central para la democracia boliviana, surgen una serie de susceptibilidades ante la posibilidad de reeditar un esquema de pactos que priorizaría el reparto de espacios de poder, en función de intereses partidarios y que replicaría además un sistema excluyente para amplios sectores populares.
  • Otras opiniones, como la de Luis Eduardo Martínez, sostienen que “el problema no eran los pactos en sí, eran los otros acuerdos que no eran públicos”.
  • Si bien, en casi todos los grupos focales virtuales de deliberación se acepta la centralidad de la generación de acuerdos para la democracia en este nuevo tiempo, se sostiene que deben darse de otra forma.
  • En uno de los grupos focales de deliberación de Cochabamba surge la propuesta de “hablar no de pactos, sino de acuerdos”, pues los pactos encerrarían una serie de compromisos y obsecuencia partidaria, en tanto que los acuerdos son más abiertos. Pero, lo más importante, es el planteamiento de que los acuerdos centrales que asuma el país se den con la participación de la sociedad, más allá del círculo político partidario.
  • Emerge, en esa perspectiva una fórmula, que fue validada también en otros grupos focales de deliberación y enriquecida en otras entrevistas, en especial la entrevista con Vivian Schwarz, de la organización civil Ciudadanía, de cara a la generación de acuerdos en el país y la gobernabilidad de la próxima gestión gubernamental:
    • Desarrollar procesos de diálogo real, quitando el sesgo político, en espacios no cooptados por las organizaciones políticas, ni el Estado.
    • Los procesos de diálogo deben ser protagonizados por mujeres y hombres de la sociedad civil y no por los actores político partidarios. Pero deben contar también con la participación de estos últimos.
    • Deben enfocarse en temas sectoriales, con base en una agenda de interés de la sociedad, que va mucho más allá de los temas tradicionales de la agenda política y estatal. Es opinión mayoritaria de los entrevistados que la prioridad nacional debiera ser no generar una nueva reforma constitucional, sino más bien implementar efectivamente el mandato constitucional, lo que supone cambios en la ejecución.
    • Antonio Aramayo, de la Fundación UNIR, con una extraordinaria experiencia en procesos de diálogo, considera viable desarrollar estos procesos y propone además que el diálogo democrático político en Bolivia tenga un anclaje en las regiones. Incluso podría arrancar a nivel departamental y construirse a nivel nacional a partir de los ejes y convergencias que se vayan dando.
    • Resulta muy interesante que el Diálogo Nacional Democrático sea convocado, organizado y administrado por el Órgano Electoral Plurinacional (OEP), que en el último año se constituyó en la única institución capaz de lograr que actores políticos enfrentados se sienten a dialogar y generen acuerdos mínimos. Salvador Romero, presidente del Tribunal Supremo Electoral, en la entrevista que sostuvimos manifestó su aceptación con este rol del OEP en cuanto a la generación de procesos de diálogo. “Debiera ser una función natural”, ya que, por un lado “la democracia no puede mantenerse sin diálogo”, y, por otro, es necesario que la labor del máximo ente electoral en el país no sólo se concentre en la administración de procesos electorales y el voto, sino también en promover el diálogo, la deliberación, la participación y la democratización a todo nivel. Asimismo, Romero sostuvo su acuerdo con que el OEP trabaje en la generación de procesos de diálogo, no sólo en torno a temas estrictamente electorales, sino también en relación con políticas públicas u otros asuntos de interés nacional y que tienen una vinculación con la democracia en sentido amplio (representatividad, interculturalidad, pluralidad, paridad, etc.)