CRISIS DE LEGITIMIDAD, REPRESENTATIVIDAD Y DESEMPEÑO DE INSTITUCIONES ESTATALES Y ORGANIZACIONES POLÍTICAS

La encuesta digital identifica un cuadro de crisis de las instituciones estatales, marcada por un bajo índice de desempeño, como se observa en el cuadro siguiente de aprobación o desaprobación en una escala de 1 al 5, del cumplimiento de roles fundamentales de las instituciones del Estado boliviano en relación con la emergencia sanitaria:

Salvo las fuerzas del orden, que en criterio de los encuestados habrían cumplido medianamente su tarea de garantizar la seguridad durante la pandemia, las demás instituciones del Estado se aplazan ampliamente. Queda muy claro que para los encuestados el sistema judicial no garantiza un juicio justo a los bolivianos, que el ministerio público no actúa de forma independiente, que el órgano legislativo no ha cooperado con el ejecutivo en la atención de la crisis, o que el Estado no ha garantizado recursos materiales suficientes para atender la emergencia sanitaria.

Por otro lado, cuando preguntamos respecto a la confianza resalta también un nivel muy bajo de confianza en las instituciones del Estado, pero también en las organizaciones políticas, versus las organizaciones de la sociedad civil (a excepción de la Central Obrera Boliviana que recibe una baja calificación) y medios de comunicación masivos y virtuales. Todas las instituciones del Estado y las organizaciones políticas están por debajo del promedio de confianza, como podemos observar en el siguiente cuadro expresado en 2 gráficos:

A esto se suma un bajo nivel de representatividad de dichas instituciones a la hora de canalizar demandas respecto a la crisis sanitaria, como observamos a continuación:

Partiendo de un promedio que ya es bastante bajo, después de la COB, las instituciones menos representativas -de acuerdo con esa percepción recogida en la encuesta- son las asambleas legislativas, plurinacional y  departamentales y los concejos municipales, justamente los espacios más llamados a representar los intereses de la población.

En el contexto de la emergencia sanitaria, los encuestados expresan mayor confianza y se sienten mejor representados por organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales.

Asimismo, se observa un bajo índice de integridad de las instituciones y organizaciones comprometidas con el proceso electoral. Las percepciones de los encuestados muestran una mayor confianza en la integridad de observadores internacionales y el TSE, para garantizar elecciones justas, equitativas, imparciales y de acuerdo a la ley. Es preocupante que las organizaciones políticas y los propios candidatos en competencia electoral sean percibidos como actores poco íntegros, a la hora de garantizar elecciones limpias.

Cabe resaltar la alta capacidad de recuperación que ha mostrado el TSE después del duro golpe que sufrió con la anulación de las elecciones generales de 2019 bajo la sombra de un supuesto fraude electoral. Un año después supera el promedio de confianza.

El TSE se encuentra en el centro de la resiliencia democrática boliviana. Esto porque, como resalta en las entrevistas a expertos, el momento electoral es percibido como la garantía de una salida pacífica a nuestras profundas diferencias en tiempos de crisis. Es también percibido como uno de los pocos momentos en los que se genera un equilibrio y una articulación entre la noción de democracia como legalidad y la de democracia como legitimidad.

Ahora bien, respecto al cuadro de crisis institucional que identifica la encuesta digital, a partir de los bajos niveles de confianza, representatividad y desempeño de las instituciones del Estado y las organizaciones políticas, la opinión que prevalece en las entrevistas a 26 expertos es que:

  • La pandemia desnudó y agudizó la crisis institucional boliviana, no la causó.
  • La baja legitimidad y confianza, la falta de representatividad y el bajo desempeño de las instituciones del Estado y las organizaciones políticas tiene que ver con el proceso político de transición, pero también con constantes históricas en Bolivia. Se combinaron elementos estructurales arraigados e irresueltos y elementos coyunturales que hacen a un traumático momento de nuestra historia.
  • Se observa una insatisfacción con la democracia en Bolivia, pero no con la noción de democracia en sí, sino con la forma de implementarla en el país. “La gente no cree en los políticos, pero va a votar”, señalan coincidentemente varios entrevistados, como Violeta van der Valk y Carlos Toranzo.
  • Surge en algunas de las entrevistas la hipótesis de que la corrupción en el manejo de las instituciones públicas erosiona la confianza y credibilidad de las instituciones.
  • Asimismo, también surgen miradas desde el punto de vista de la sociedad civil, como la de Vivian Schwarz, que afirma que la crisis institucional y de las organizaciones políticas en Bolivia acelera el quiebre del tejido social, a través de la cooptación, la polarización y el enfrentamiento.
  • Sobresalen también miradas particulares. Se señala, por un lado, que “en Bolivia se destruyó la política”, ya que el anterior régimen gobernante avanzó en anular la disputa y el desacuerdo político con una parte de la sociedad boliviana. Y, por otro lado, en contraposición, se sostiene que en octubre y noviembre del 2019 se desarrolló en el país un golpe de estado que produjo una fractura democrática.